NUESTROS LIBROS DE VIAJES Y AVENTURA FAVORITOS:

Descubrimiento del Río de las Amazonas

Una de las obras literarias clave en estudio de la conquista de las Américas que destaca por ser una crónica de los sucesos cotidianos y por estar repleta de fantásticas aventuras semejantes a las de los libros de caballería del periodo.

 

Relación que escribió Fr. Gaspar de Carvajal, Fraile de la Orden de Santo Domingo de Guzmán, del nuevo descubrimiento del famoso río grande que descubrió por muy gran ventura el Capitán Francisco de Orellana desde su nacimiento hasta, salir al mar, con cincuenta y siete hombres que trajo consigo y se echó a su ventura por el dicho río, y por el nombre del Capitán que le descubrió se llamó el Río de Orellana



¡Eh, Petrel!

En su ligero Mistral, desde que salió de Barcelona en 1968 hasta que llegó al puerto de Lequeitio en el verano de 1972, Julio Villar recorrió unas 38.000 millas marinas. Fue una vuelta al mundo vivida sin prisas, saboreada, tranquila, a veces dramática.


Pero el relato de sus peripecias no sigue el rumbo habitual en este tipo de libros. Aunque evoca inolvidablemente sus largos periplos de navegación y escalas, el propósito de Julio Villar ha sido recoger el curso anímico de su deambular.


¡Eh, Petrel! oscila entre la divagación lírica y sus escuetas anotaciones del cuaderno de bitácora. Sus párrafos rozan más de una vez la estructura de un poema y hay en ellos asombro y fervor hacia Walt Whitman, inquietas preguntas y sentimientos “de una sencillez y de una pureza que sólo hace muchos, muchos años, cuando era niño, era capaz de sentir”. Un relato de viajes que es en sí mismo el alma del viajero.


Este es un libro maravilloso, lleno de paz, mar, aves marinas, peces voladores, soledad serena, libertad y alegría de vivir que se contagia cuando tienes la suerte de poder sumergirte en sus páginas llenas de los espontáneos y bellos dibujos que hizo Julio en su viaje.



Diario del Polo Sur

«Estas frustradas notas, y nuestros cadáveres, contarán nuestra historia» ...la auténtica historia, la trágica anatomía de una derrota.


Prototipo de heroísmo, nobleza y perseverancia para unos, modelo de ambición, ineptitud e incompetencia para otros, el capitán de la marina Real Británica, Robert Falcon Scott, sigue siendo motivo de admiración a causa de las circunstancias que rodearon su muerte y la de sus cuatro compañeros.


Este diario, sin duda, arroja algo de luz sobre este tema y, una lectura atenta e imparcial de sus notas, resuelve definitivamente el debate abierto hace cien años sobre los errores humanos y de organización de esta expedición.



Hacia Rutas Salvajes

¿Por qué un joven que acababa de graduarse decide cortar todos los lazos con su familia y perderse en una región inhóspita?

 

En abril de 1992, Chris McCandless, de 24 años, se internó solo y apenas equipado en tierras de Alaska. Había regalado todo su dinero y abandonado su coche, y soñaba con una vida en estado salvaje. Cuatro meses más tarde, unos cazadores encontraron su cuerpo sin vida. Su historia, difundida en un reportaje de Jon Krakauer, suscitó una agitada polémica, para unos, era un intrépido idealista; para otros, un loco y un ingenuo sin el menor conocimiento de la naturaleza.

 

Antes de desaparecer, Chris McCandless escribió a un amigo: «No eches raíces, no te establezcas. Cambia a menudo de lugar, lleva una vida nómada... No necesitas tener a alguien contigo para traer una nueva luz a tu vida. Está ahí fuera, sencillamente.»